Ciencia, literatura, amor, pasión, sensación, metafísica, sueños, comentarios, espiritualidad sin parcializarse en ninguna religión, sexualidad, misterio, filosofía en fin la vida misma desde la óptica de un ser humano común y especial a la vez.
Estudio sobre la Homosexualidad
Obtener enlace
Facebook
X
Pinterest
Correo electrónico
Otras aplicaciones
Eduard Punset es un divulgador científico Catalán, tiene muchos libros y un programa de TV llamado Redes cuyo objetivo es hacer conocer en palabras simples y explicaciones objetivas las complejidades de los estudios científicos.
Revisando en you tube su interesante programa observé el dedicado al estudio de la homosexualidad llamado Gays y Lesbianas, donde refiere que al parecer ésta no es una opción sino que depende de la formación cerebral en el momento del desarrollo del feto. Los países que más han estudiado el tema son Inglaterra y Holanda, encontrando la influencia de la carga hormonal en el desarrollo del feto, no importando lo que ocurra después. Así, esto es independiente de los cromosomas presentándose hombres con cerebros de mujer o mujeres con cerebro de hombre, ocurriendo esto también en animales. Los invito a observar el vídeo que rompe muchos mitos.
Cada vez que escucho a Vallejo preguntar por su dulce Rita de junco y capulí, en su poema Idilio muerto, no puedo evitar sonreír: yo tuve la mía. Tenía ocho años cuando apareció en mi vida, bajando de una combi Volkswagen polvorienta, con un vestido de pollera multicolor que giraba con cada paso, trenzas amarradas con cintas que flameaban como banderas de fiesta y unos cachetes chaposos que parecían recién pintados. Su risa no pedía permiso: entraba de golpe, como un rayo de sol que se cuela por la ventana. Ese primer día me eligió como su chofer oficial en mi bicicleta… y como su cómplice para todo lo que el barrio de Santo Dominguito en Trujillo —y, a veces, lo que quedaba más allá— nos dejara explorar. Yo tenía mi bicicleta chacarera, roja, mediana, con un asiento trasero perfecto para un pasajero. No tardó en subirse. Apenas pedaleábamos, empezaba su juego favorito: mirar a la gente y “enchaparla” con algo que le recordara. —¡Mira, mira, mira! Tiene cara de… —y completaba con...
Era 1960 en el barrio El Porvenir, en La Victoria. El colorao Pastor tenía un encargo urgente, de esos que se hacen con más nervio que vergüenza. Había escrito una carta para Sonia, su atractiva vecina. —Tarzán, hazme un favor —le dijo—, entrégale esta carta. Me da pena declararme directo. —No te preocupes —respondió Tarzán—. Siempre la veo a las siete de la noche, a la hora que pasa la basura. En esos tiempos, antes de los camiones compactadores, la “flota recolectora” eran viejas cisternas inservibles, recortadas en la parte superior para que cupieran uno o dos hombres… y, por supuesto, la basura. No había bolsas plásticas: los desperdicios se envolvían en papel periódico y, los más precavidos, reforzaban el paquete con soguilla o pabilo. El procedimiento era simple: un trabajador corría junto al camión, recibía el paquete y se lo pasaba a los receptores de la cisterna. Los vecinos más forzudos, en cambio, prescindían del corredor y lanzaban ellos mismos, a riesgo de dejar un ojo mor...
Hoy mi viejo Nissan Sunny del 96 tuvo dos fallas. Cada vez que alguien critica sus fachas del siglo XX, respondo lo evidente: el auto es como su dueño, por fuera hasta las patas, pero todavía funciona. La primera parada fue donde el radiadorólogo —esta vez, radiadoróloga—, que me solucionó el problema mientras sonaban bandas ancashinas de Recuay, para mayor precisión geográfica. El cuerpo ya quería zapatear cuando el celular lanzó una alarma de sismo. No sé si fue por el inconsciente entusiasmo folklórico o porque el destino, siempre didáctico, me obligó a mirar el tablero y descubrir una falla eléctrica en el alternador. Lo cual era lógico: el radiador había decidido mojarlo todo, como si también quisiera bailar. La segunda visita fue al mejor electricista de Ventanilla, un taller con nombre teológicamente previsor: “Señor de los Auxilios”. Don Juancito trabajaba escuchando nada menos que a Sósimo Sacramento y sus parranditas. Tremendo personaje. Tremendas letras. Uno lo escucha...
Comentarios